Todo el mundo tiene, casi todo el mundo suele tener...
Un abuelo inmigrante y un amigo que se fue, una tía peluquera,
una cuenta a fin de mes. Un paraguas con dos hoyos, una
hermana que cuidar, una historia de marcianos y una caña de
pescar; y ese tío gordo y viejo que no para, que no para de
roncar. Un consuegro que se adoba y se pone a recitar, un
pariente sedicioso y un pariente militar. Una prima que se
parte, una riña familiar, un padrino mentiroso que te lleva a
debutar y una tía religiosa que no para, que no para de rezar.
Un vecino vocindanga que en la yaga se murió, una historia de
algún primo que no pudo ser campeón, un amigo que hizo guita
y dejó de saludar y un borracho viejo y pichi que está loco
de estudiar; y una cábala infalible que no para, que no para
de fallar. La vecina que organiza la reunión de taperguer, un
cuñado que se empeda y se viste de mujer, un zorrino carateca,
un amor de carnaval. Varias noche de fracaso y una noche de
galán; y un patrón hijo de puta que no para, que no para de
robar. Medio trébol en un libro, un trofeo en un rincón,
varios ídolos caídos, una carta en un cajón, un abrazo que no
llega pa' decir que ya no está. Una herida en el costado y una
flor en el ojal; y esa lágrima porfiada que no para, que no
para de sangrar.
martes, 9 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario